El viaje Astral

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El viaje Astral

Entrevista realizada por Michèle L. para Le Passe-Monde

Rencuentro con Daniel Meurois

 

12804665_10207644012512637_5343328442619880838_nMichèle L.: Buenos días Daniel Meurois. En toda la zona francófona así como en Europa, sois pionero en las técnicas de salida fuera del cuerpo que se llama “viaje astral”… o si lo preferís, habéis sido el primero en testimoniarlo abiertamente delante del gran público. En 1980, retrocedamos 30 años, hizo aparecer su primer libro sobre este tema: “Relatos de un viajero por el mundo Astral”. Por otra parte, este libro suscitó tal interés que fue invitado en aquella época a un programa de televisión de gran audiencia titulado “Pasar a verme” con Philippe Bouvard.

Cito un extracto de vuestra introducción en el libro de “Relatos de un viajero por el mundo Astral”, una descripción que relata vuestra primera experiencia fuera del cuerpo: “Me había abandonado a ese estado de frontera entre la vigilia y el sueño; recuerdo verme tumbado sobre mi cama en la habitación de estudiante. ¿Cómo expresar las impresiones de un ser que se ve por primera vez fuera de su cuerpo? ¿Soy él o soy yo? Nos lleva a preguntarnos si no será eso la muerte.”

Daniel, podrías contarnos con más amplitud vuestros comienzos, vuestras primeras experiencias y después, lo que os ha llevado a desarrollar vuestro método de trabajo…
Daniel Meurois: Sí. Ha dicho que había que retroceder 30 años pero estos 30 años, es para la aparición del primer libro. En realidad, para retroceder verdaderamente al origen de lo que me llegó y de lo que orientó toda mi vida, hay que retroceder 40 años, cuando todavía era un estudiante y vivía en el norte de Francia, en Lille. Todo pasó una tarde en la primavera de 1971, volviendo de mis clases. En aquella época, estaba a cien mil leguas de preocuparme de lo que hoy es el centro de mi vida. Era un estudiante que procedía de una familia tradicionalmente católica, no particularmente creyente pero que seguía la tradición. Era completamente libre y virgen de toda idea espiritual, religiosa o filosófica. Era simplemente un espíritu curioso y abierto, sin a priori.

Una tarde, volviendo de mis clases en la Universidad, simplemente me estiré sobre mi cama. Estaba un poco cansado y entonces me relajé, pero al cabo de algunos instantes, sentí como entraba en un extraño estado de relajación, era una relajación natural y espontánea. Y, en un momento dado, empecé a no percibir más mi cuerpo, es decir, que no sentía mis miembros, como que mis miembros no me parecía que fuesen ya claramente mis miembros. Era un estado que no conocía pero lo dejé venir porque era extraño de vivir. Habitaba un cuerpo pero verdaderamente no lo percibía y en un momento dado, pasó como un tipo de declic que no controlé, que era más fuerte que yo, algo que me aspira fuera de mi cuerpo físico. ¡En una fracción de segundo, me vi en el exterior, vi un tipo tumbado sobre su cama y este tipo, era yo! Y algo de “mí” fue suspendido en el aire cerca del techo de mi cuarto de estudiante y miraba mi cuerpo.

Esto ocurrió tan rápidamente que no tuve tiempo de saber verdaderamente lo que pasaba. Excepto que esta percepción de mi cuerpo visto desde el exterior duró un cierto tiempo, el suficiente para que percibiera lo que había pasado. En primer lugar, me di cuenta que lo que era exterior a mi cuerpo y lo que me veía, continuaba viviendo fuera del cuerpo físico y tenía los sentidos. Además, me di cuenta que mis sentidos se habían multiplicado con relación a los de mi vida corriente. Por ejemplo, mi campo de visión se amplió considerablemente, hasta tenía la sensación de poder casi ver a 360 °. Por otra parte, las luces de todo lo que veía del decorado de mi cuarto eran infinitamente más vivas, más centelleantes que aquellas que se puede ver en un estado normal. Tenía casi la impresión de ver vibrar lo que se llama los átomos de la materia, había unos colores maravillosos.

El sentido del oído también se multiplicó. ¡Oía, me parecía, ruidos que eran extremadamente alejados, era como si hubiera un amplificador en mis oídos! Y luego, me di cuenta que en el estado donde yo me encontraba, la materia de este otro yo -en la época no sabía cómo nombrar esto- no era verdaderamente una materia porque no conseguía estabilizar lo que veía mi cuerpo. Es decir, lo que veía mi cuerpo entró tranquilamente en el techo de mi cuarto, entró también en el armario donde se encontraba mis cosas de estudiante, y cuando viví esta sensación extraña de interpenetración de la materia, con lo que veía mi cuerpo, me di cuenta que yo ya no era materia.

Entonces, la primera impresión que tuve y la primera pregunta que me hice, fue:“¿acaso estoy muerto?” ¡Es evidente! Me veía desde el exterior, mis sentidos no eran como habitualmente y la materia no significaba nada más; ¿pues, esto es la muerte? Pero, instantáneamente, no sentí ningún miedo porque diría que era casi una sensación embriagadora, había mucha paz en mí, y me dije simplemente: “¡pues bien, si esto es la muerte, Dios mío, es algo maravilloso!”

Fue así de sencillo la primera vez. Duró por lo menos de 5 a 10 minutos porque tuve tiempo de reflexionar y de ver, luego, hop; de pronto, mi conciencia volvió a mi cuerpo físico y me encontré en él. No conseguí el control de mi cuerpo rápidamente, en realidad no sentía mis miembros e hizo falta un cierto tiempo para que verdaderamente tomara el control. Era un poco como un anquilosamiento y sentí unos momentos de incomodidad, pues a pesar de todo, este tipo de experiencias llaman bastante la atención.

Luego, poco a poco, me levanté, etc., ¡y ya está! Esta fue verdaderamente mi primera experiencia. No hay otra versión posible… Lo preciso porque oí a personas decir tal o cual cosa en relación a esto. No, esto pasó así. No había un pequeño vaso de cerveza y menos aún un pequeño porro porque jamás toqué esto en mi vida. Fui totalmente neutro y de ninguna manera influido por nada.

Entonces, es cierto que después de una experiencia como esta, me sentí sacudido, aunque había sido muy bello, pero te interrogas: ¿qué es lo que pasa? ¿Qué viviste? Verdaderamente era algo que no llegué a lograr comunicar a mis allegados.

Era tan maravilloso que me venían dos cuestiones: En primer lugar debería saber qué es, porque esto no podía ser un sueño, estaba no sólo lúcido sino súper lúcido en esta experiencia; pues no podía imaginar ni un instante haber vivido como una especie de sueño o de sueño ligero, exactamente era lo inverso del sueño, era súper lúcido. Por otra parte, me pregunté si sería posible que viviera una segunda vez esta experiencia. Estas eran mis preocupaciones.

Dediqué los siguientes meses – y debo decir que mi vida de estudiante sufrió por eso- a tratar de poner un nombre a lo que había visto. Me dije: “si viví esto, es lo bastante fuerte como para que esté escrito en alguna parte en ciertos libros.” No había ninguna razón para que fuera el único en el mundo que había vivido esto. A partir de ahí, recorrí las librerías, la Biblioteca universitaria, etc y acabé, después de largas y bastante pacientes búsquedas, por descubrir un viejo libro que fue escrito en los años 30-40, de Charles Lansnin, que describía aproximadamente la misma situación que había vivido, y este fenómeno lo bautizaba como “viaje astral”

Según este libro, había vivido un viaje astral, una salida astral, una decorporacion, se utilizaban varios términos. Entonces, en cuanto pude poner un nombre sobre mi experiencia, me dije que era imprescindible que la reviviera por segunda vez porque, hay que decirlo, esto me fascinaba. Y me llevó cerca de 6 meses conseguir revivir el estado en el cual me había encontrado la primera vez. Me fabriqué pequeños métodos de relajación, de descanso, porque a partir de ahí, comencé a consultar pequeños libros de yoga donde se hablaba de respiración, esto era básico. Eran los primeros libros que aparecían en Occidente al alcance de todo el mundo.

Entonces, con todo esto, aprendí a relajarme. Total, me fabriqué mi pequeño método pasito a pasito, sin estructuras establecidas. Y luego, un día, se produjo la segunda experiencia. Y allí, comencé a tomar esto realmente mucho más en serio, y me dije que hacía falta que buscara en aquella dirección porque verdaderamente había algo, esto no podía pararse ahí, esto significaba algo. Lo que sale de mí y lo que puede mirarme desde el exterior, esto, se parece singularmente a lo que se puede llamar el alma.

Entonces, siempre era tan extraño para mí que no hablaba de eso con mis allegados solo acabé en un momento dado por hablar de esto a una persona a la que justo comenzaba a conocer en esta época y que se llamaba Anne Givaudan. Luego, me pidió que le enseñara mi pequeño método, y lo hice muy sencillamente y logró reproducir el fenómeno. Le explicaba punto por punto y es así como pasó al principio.

M.L.:Daniel, usted habría podido quedarse con esto pero, finalmente, así como sus escritos lo demuestran, su descubrimiento tomó mucha más importancia en su vida. ¿Qué es lo que orientó la continuación de los acontecimientos?

D.M.: Lo que orientó la continuación de los acontecimientos, en primer lugar fue simplemente la curiosidad, porque me di cuenta, sin quererlo, que cuando estaba en estado de decorporación, bastaba que pensase en un lugar o en una persona para que este principio, que lograba extraer de mi cuerpo, fuese instantáneamente a este lugar o cerca de la persona en quien había pensado. Esto se hizo involuntariamente al principio.

A partir de ahí, me dije: “¡Es algo increíble! Esto quiere decir que la conciencia (o el alma) se desplaza a la velocidad del pensamiento cuando está fuera de su traje de carne”. Esto verdaderamente me dio entonces las ganas de experimentar mucho más aquellas cosas. Primero porque podía darme pruebas y procuré dármelas. Por ejemplo, me di cuenta que yo mismo podía dominarme, es decir, pensaba en un lugar que conocía un poco y me dirigía allí en decorporación. Luego, una vez de nuevo en mi cuerpo, tomaba el coche de mi padre e iba sobre los lugares para ver si lo que había visto en decorporación era justo con todos los detalles.

O, un poco más complicado: quedaba con un amigo (ya me había abierto un poco más a ciertas personas) diciéndole: “voy a ir a verte a tal hora y cuando vuelva a mi cuerpo, te telefonearé para decirte lo que estabas haciendo”.

Así fue cómo comenzó las primeras veces, puramente era la curiosidad, ninguna curiosidad malsana sino para saber, porque esto me parecía verdaderamente muy importante. Esto parecía decir que podemos vivir fuera de nuestro cuerpo. Entonces, esta fase de aprendizaje, con controles, etc, duró más o menos siete años, es decir, de 1971 a finales de 1977. ¡Y la aventura verdadera comenzó después!

M.L.: Daniel, si volvemos al libro “Relatos de un viajero de por el Mundo Astral”. ¿Nos podría hablar de las experiencias que describe ahí?

D.M.: Más que hablarle de aquellas experiencias, me gustará mucho hablar de la llave que me condujo a estas experiencias, porque posiblemente, ante todo la llave es más importante que los detalles de las experiencias que son bastante numerosas. La llave vino un día cuando simplemente estaba en estado de decorporación y me di cuenta que aparte de mi cuerpo físico, oía una especie de zumbido interior y que el nivel de éste cambiaba con arreglo a mi estado de ser. Se volvía muy agudo o bien muy grave, no había una constancia y lo que hacía variar este nivel sonoro dependía del estado en el que yo me encontraba.

Por ejemplo, cuando practicaba un decorporación sin estar muy en forma o si tenía preocupaciones personales en mi vida, me daba cuenta que esta vibración se hacía como una especie de zumbido muy muy grave, y que, tarde o temprano, en el corazón de este zumbido, me devolvía de nuevo a mi cuerpo físico. Y a la inversa, si particularmente me sentía relajado, feliz, alegre, entonces el sonido se volvía muy agudo, cristalino y es en una de estas experiencias en la cual estuve particularmente relajado cuando todo giró. En un momento dado, el sonido se volvió tan cristalino interiormente que, sin saber que esto podía existir, me vi aspirado, atraído por una espiral de luz.

Hoy, sabemos lo que es esta espiral de luz; algunos ven como un túnel sombrío con una luz al final. Para mí, había una luz por todas partes. Ahora, podríamos decir que esto corresponde a una experiencia cercana a la muerte, pero aquella época no sabía esto, no hablábamos de estas cosas. Pues, me dejé completamente absorber por esta espiral de luz -no era doloroso, al contrario, era una especie de beatitud- y a continuación, me vi propulsado al otro lado de esta espiral de luz y allí, me encontré en un mundo de una belleza absolutamente increíble, un mundo donde todo era luz, y no era algo algodonoso, vago, como se ve a veces en ciertas películas que no están muy documentadas. Allí, todo era extremadamente material. La primera vez, me encontré en un rincón de la naturaleza verdaderamente muy bello, muy puro, muy virgen. Me vi en mi cuerpo, éste se había reconstituido completamente en este espacio y veía mis pies que hacían doblar las briznas de hierba del suelo que pisaba.

Lo que hay de extraordinario, es que en este espacio que descubría, no había sombra. De hecho, tenía la sensación de que la luz nacía de dentro de todo lo que se encontraba allí. Rápidamente, en aquel mundo -porque era realmente un mundo y no justo un pequeño decorado- un ser vino hacia mí y se presentó. Es el Ser de quien hablo en “Relatos de un viajero por el Mundo Astral”, al que llamé “el Ser del rostro azul”, y es él quien me guio paso a paso durante algunos años.

Allí fue donde me di cuenta que este mundo en el cual mi conciencia había penetrado involuntariamente, era uno de los aspectos de este más allá, este “reino de los muertos” del que se hablaba tanto, excepto que éste era más bien el reino de los vivos y hasta diría de los ¡supervivos! Verdaderamente me di cuenta, a partir de aquella experiencia (que volví a experimentar muchas veces) que este mundo era el del alma y que el vehículo energético en el cual me desplazaba correspondía al alma humana. Tan pronto como me di cuenta de la realidad del cuerpo astral, lo veía como una especie de cuerpo semigaseoso y semieléctrico, simplemente fuera del cuerpo físico. Excepto que cuando vuelve a este espacio, este más allá del que acabo de hablar, era verdaderamente un cuerpo tangible, un cuerpo de carne, pero lo sentía igualmente habitado por la misma luz que la de la naturaleza que yo veía.

A partir de entonces, pude encontrar en aquel mundo, un número de seres desencarnados que llamamos los “muertos”, aunque los veía perfectamente vivos. Es como el revés del decorado de nuestro mundo. Entonces, “Relatos de un viajero del mundo Astral” y otros libros han sido escritos a partir de la penetración de mi conciencia en aquel mundo y en otros. Y allí, es como si un abanico completo se abriera delante de mi conciencia. Esto es verdaderamente el comienzo de mi trabajo. Esto ocurrió en 1977 y es al final de ese año, que a petición del Ser azul, el Ser de Luz que me guio, comencé a escribir. Tardé un poco más de dos años en escribir el primer libro y apareció en 1980.

Entonces, debo decir que es un sinfín de experiencias, no podría enumerarlas aquí, pero es así como pasó, de forma muy espontánea, y es ahí donde me di cuenta que tenía una llave, un privilegio extraordinario, y que mi trabajo en esta vida era, primeramente, desdramatizar el fenómeno de la muerte, dar a entender a los que querían oír que la vida no se detiene en el cuerpo físico, que el alma no es un símbolo y a partir de ahí, poder generar una ola de esperanza, porque cuando ya no se tiene miedo a la muerte, o cuando se relativiza, cuando se ve que es una puerta que hay que pasar, un umbral que hay que atravesar, se empieza a tener mucho menos miedo a la vida, ¡y esto cambia todo!

A partir de ahí, hay una conciencia verdadera sobre el plano, no religioso sino espiritual, que se instala tranquilamente y dediqué mi vida a esto porque esto me pareció más importante que cualquier otra cosa.

M.L.: Pero, Daniel, el hombre encarnado que usted es, ¿tiene dificultad en reintegrar su cuerpo físico?

D. M.: Hubo momentos, al principio cuando tenía mis experiencias, donde efectivamente tuve dificultades, porque tenía la sensación, cuando volvía a mi cuerpo físico, de entrar en una especie de… el tema podrá parecer un poco excesivo pero diría un ¡cubo de basura! Había una especie de densidad en este traje que necesitaba reintegrar, y este traje también se encontraba en un mundo extremadamente denso -el que se conoce cada día- pero digamos que esta dificultad se difuminó muy muy rápidamente, porque el hecho de darse cuenta que simplemente no se es una criatura de carne que corresponde a leyes biológicas, químicas o eléctricas, etc, el hecho pues, de tomar conciencia que somos mucho más que esto, hace feliz, aporta una especie de fuerza interior y esto nos permite distanciarnos con relación a la pesadez y con relación a las dificultades de la vida diaria.

No digo que esto resuelva todos los problemas, lejos de eso. Yo he tenido problemas grandes en mi vida, como todo el mundo, pues esto no los elimina, por eso somos unos seres encarnados, seres de carne, pues estamos confrontados a esto… excepto que esto da siempre, en un momento dado de la dificultad, una especie de respiración, porque se toma mucho menos en serio la prueba que vive. A largo de los años esto me dio una especie de solidez interior, de serenidad, de calma. Desde luego, esto no es al 100 %, todos tenemos momentos de enervamiento, pero esto da una estabilidad y también un centrado verdaderamente muy importante.

M.L.: Mucha gente se plantea la cuestión: ¿acaso todo el mundo tiene la capacidad de salir de su cuerpo en conciencia con el fin de traer, como usted le hace, memorias tan precisas como aquellas de las que se encuentran en sus libros?

D. M.: Bien, en principio sí, porque todos estamos hechos según el mismo modelo, el mismo plan. La Divinidad, El dios o el Gran Jefe, o el Universo – llamemos esta Fuerza como queramos- nos pensó a todos nosotros más o menos de la misma manera. Entonces sí, igual que todo el mundo puede aprender a tocar un instrumento de música o utilizar un lápiz para dibujar, etc diría sí, excepto que se tiene más o menos de facilidad para esto, y hay que reconocer que esta capacidad de proyectar la conciencia fuera del cuerpo -conscientemente, voluntariamente (insisto sobre esto)- se consagrada a muy pocas personas.

Por ejemplo, cuando encontré a mi esposa actual, Marie Johanne Croteau-Meurois, ella ya tenía su propia técnica de decorporación. No lo realiza de la misma manera pero es también rápido y eficaz. Podemos realizar la decorporación a voluntad cuando hay un trabajo que hay que hacer para ayudar o simplemente para penetrar en los anales akasicos con vistas a una escritura nueva… Trabajamos de manera conjunta o a veces individualmente, según lo que tenemos que hacer de testimonios.

¿Por qué nosotros podemos? Pues bien, creo que ya veníamos con esto porque, de hecho, las incursiones de nuestras almas en este mundo nos hicieron darnos cuenta de la realidad de la reencarnación. En lo que se refiere a mí, no me prepararon en mi época, esto se me impuso. Asistí a retornos a la Tierra de almas que estaban en el otro mundo y que volvían hacia nosotros (ver el libro ” Los nueve peldaños”). Incluso en un momento dado no era pensar “aquella filosofía me gusta y me interesa intelectualmente hablando”, sino simplemente “morimos, y volvemos” no necesariamente indefinidamente porque no es el objetivo de la vida, sino hasta cierto punto, hay que volver mientras nuestra alma no se haya afinado y depurado.

Para Marie Johanne también esto se impuso como una segunda naturaleza y así es como pudo encontrar la memoria de la Terapia Esenia del tiempo en el que era María Salomé una de los tres discípulos del Cristo y luego esto la sirvió para la redacción de su último libro “El Umbral de los Elfos”. Prosigue ahora con su trabajo de “barquera de almas” utilizando esta facultad…

Volviendo a lo que decía en cuanto a tener la capacidad como yo la tengo, lo único que permite explicarlo es que viene de otras vidas, porque creo que pude desarrollar una facilidad en este tipo de trabajo que es relativamente raro, hasta muy raro, hay que decirlo. Por otra parte, personalmente, no aconsejaré a nadie, aunque potencialmente todo el mundo tenga esta capacidad, de lanzarse a esta “aventura” a pesar del pretexto de que es interesante y que todo el mundo, en principio, puede hacerlo. Creo, que emocionalmente uno debe estar muy equilibrado, cosa que globalmente siempre he estado. Hay que tener una salud bastante buena y era mi caso en aquella época, y luego no hay que tener miedo, no tener temor, porque es fácil de decir: “comprendo bien el fenómeno, voy a ponerme en tal posición y en un momento dado va a pasarme esto y va a ir todo muy bien porque sé lo que es.” Excepto que esto no pasa así porque cuando se está a las puertas del desdoblamiento, pasa todo un montón de fenómenos, el corazón se pone a latir de modo extremadamente rápido, podemos sentir palpitaciones, podemos entrar en un estado de pánico, la vista que se nubla, tener temblores. De hecho, esto varía de una persona a otra.

Y suponiendo que el decorporación se haga, cuando el alma vuelve después al cuerpo, si no lo hace adecuadamente, tranquilamente, esto puede provocar náuseas, dolores de cabeza importantes, vértigos, etc… Por eso no aconsejo a nadie intentar salir de su cuerpo, a menos que sean explícitamente invitados a eso por la Vida, y la Vida es nuestro destino. Por otra parte, no hay que creer sobre todo que es el género de experiencia que va a borrar con goma todas las dificultades ni a hacer de nosotros un gran iniciado. Es una llave, pero la llave sobreentiende un gran trabajo interior y también una responsabilidad porque adquirimos informaciones que hay que dar a otro. La Vida simplemente no nos da esto para nuestro placer, es una responsabilidad en la medida en que esto nos pide mucha exigencia con relación a sí mismo en nuestra vida.

Entonces, ciertamente, no tiene interés buscar esto, y echarse a cuerpo abierto (sin mal juego de palabra) en esta aventura. Es la Vida la que decide de un cierto modo si sí o no tenemos que hacer un trabajo en esa dirección. Es todo y esto no es más complicado que esto. Si eso no se pone en nuestro camino, no vayamos a por ello, la decorporación no es un fin en sí, es una llave que es rarísima y hay muchas otras llaves, tales como la meditación o disciplinas de trabajo sobre sí que no tienen peligro y que van a poder ayudar a muchas más personas de lo que lo hará el viaje astral. Hablo de eso porque es mi herramienta de trabajo pero no intento convencer a la gente para realizarlo.

M. L.: Me gustaría, Daniel, que usted nos diera más precisión de su capacidad a acordarse y de traer las informaciones recibidas en el momento de sus viajes de decorporación.

D. M.: ¡Sí encantado! Efectivamente, la gente está un poco intrigada por el número de informaciones que doy en mis libros, hasta tal punto que algunos se preguntan si no añado un poco de a esos datos. Sin embargo, no necesito adornarlos porque en estado de decorporación -y pienso que es igual para todos los que son conscientes cuando hacen este trabajo- todo lo que es vivido, probado, sentido y visto se graba con una agudeza extraordinaria, y cuando vuelvo en mi cuerpo, durante los dos o tres días que siguen a una experiencia precisa, toda la película de lo que viví está intacta en mi memoria, entonces es necesario que escriba durante estos dos o tres días, sino, después, esto se convierte, en cierto modo, simplemente en una memoria normal.

Con relación a este fenómeno de agudeza de la memoria, aprovecho para decir que en realidad, cada uno de nosotros realiza la decorporación cada noche, pero inconscientemente. Cada vez que entramos en el sueño nuestra alma abandona nuestro cuerpo físico y va a visitar un mundo vibratorio, un espacio energético que corresponde a nuestro estado de ser. Pues, sin saberlo, todo el mundo realiza esta experiencia. En cambio, lo que no tiene todo el mundo, es la capacidad de memorizar. Hay una especie de inconsciencia, de censura, que está producida por un organismo físico que no está predispuesto a este género de experiencia, que hace que cuando el alma vuelve al cuerpo, la memoria se corta -cortada parcialmente porque se trae sueños que son una mezcla de viaje astral, de contacto efectuados fuera de nuestro cuerpo físico, y de una especie de “cine” holográfico interior que corresponde a nuestros deseos, a nuestras pulsiones, a nuestras fantasías, etc … Pero el problema verdadero, es el de volver con la memoria.

Daniel Meurois / Quebec 2015


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