Hermanos de las Estrellas – 15 de junio de 2010

Introducción sobre cómo se produjo

Hace 30 años que conocemos a Daniel Meurois-Givaudan a través de sus numerosos libros, sus conferencias y seminarios. Tras todos estos años, se le conoce muy poco, o no se le conoce, como canal incorporado por Presencias de Luz que él llama “Hermanos de las Estrellas”. Tras la publicación de “Ce qu’ils m’ont dit” (1), que aportaba un testimonio escrito de ellos, Daniel Meurois ha sido grabado por primera vez durante una des sus canalizaciones. Ante una asamblea de unas treinta personas, las Presencias se expresan por su boca, enseñan y responden a preguntas que nos conciernen a todos.

He aquí la retranscripción escrita del mensaje transmitido el 15 de junio de 2010, en la Provenza. Cada uno encontrará en él materia para su crecimiento, un consuelo en el seno de nuestro mundo perturbado así como una ineludible onda amor que podrá hacer suya.

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Sed bienvenidos amigos de siempre, Gracias por haber respondido de esta forma a nuestra llamada y por habenos reunido con nosotros en este lugar.

Daros cuenta que decimos habenos reunido en este lugar y no a la inversa. Ya que en realidad, es en nuestra casa a la que habéis venido, este espacio vibratorio que vosotros habitáis de otra forma. Gracias por habernos reunido con nosotros no con un espíritu de curiosidad, sino con la pureza y la ternura de vuestro corazón, sabemos leerlo, y es por ello por lo que sois de esta familia.

¿Podríais adivinar por qué hemos querido que nos visitarais? Es muy simple. Es para ayudaros a restituir lo mejor de vosotros mismos, pero es sobre todo, sobre todo, para que restituyáis vuestra memoria. No decimos la memoria de vuestras vidas pasadas, esa memoria, o más bien esas memorias, importan poco en verdad. Queremos decir esencialmente, únicamente, la memoria de vuestro parentesco con nuestro Hermano el Cristo. Decimos nuestro Hermano el Cristo pero no hablamos simplemente del Maestro, hablamos del Principio del “Cristo”. Es esa memoria la que queremos estimular en vosotros.

Todas esas prácticas, todas esas terapias que hoy aprendéis aquí o que –algunos de vosotros– recordáis, no son finalmente más que una forma de pretexto. Pretextos desde luego útiles –incluso necesarios–, que os ayudarán a aligerar al prójimo, o que ya os ayudan a aligerar al prójimo. Pero pretextos, en cuanto al fondo del trabajo a efectuar, en cuanto al fondo del nacimiento, del renacimiento que buscáis… ya que el hecho de recordar este parentesco con nuestro Hermano, con vuestro hermano el Cristo, equivale a vuestro verdadero renacimiento. Este está en el centro de vuestros reencuentros.

Tenéis sin falta, para ir luminosamente al final de este camino que habéis emprendido de forma totalmente voluntaria y –para algunos– de forma muy valerosa, tenéis que eliminar las escorias de vuestro mental. ¿Habéis observado cuáles son los dos pequeños carteles que están a la entrada que lleva a este lugar? “Cierren las puertas para evitar las moscas”… Y bien, vuestro mental es eso que atraviesa, son las moscas. Son las moscas que vienen regularmente a desviaros y esencialmente a inducir en vosotros la duda con una “D” mayúscula. Y la Duda, tenéis que comprender, amigos de siempre, hermanos y hermanas, es la única Fuerza que os separa de vosotros mismos. Es la única Fuerza que os diferencia de los grandes sanadores, de los taumaturgos, de los Maestros de Sabiduría, y de vosotros mismos en tanto que aprendices de la Vida hoy día. Sólo la Duda hace esa diferencia.

El día en que esa Duda haya desaparecido, habréis encontrado la memoria, la de vuestro parentesco con nuestro Hermano el Cristo. Y es eso lo que habéis venido a buscar, en este lugar, sin que necesariamente lo sepáis de forma clara. Habéis venido a aprender una forma de trabajar, pero habéis venido esencialmente a reaprender a conoceros, a volver a poner vuestros pies en las verdaderas huellas de vosotros mismos a través del Tiempo. No es ni más ni menos que eso.

Sabemos perfectamente que la Duda es un instrumento que puede ser constructivo ya que es fruto del libre albedrío, de la libertad de pensamiento, del replanteamiento. Pero hablamos de otra Duda. De la que os hace olvidar, incluso rechazar, vuestro parentesco con el Divino. De la que establece una frontera entre vosotros y Vosotros. De la que debilita la fuerza de ternura, la fuerza de amor. De la que dice tú y yo, mío, mía, tuyo, tuya, tuyos, tuyas… De la que levanta muros. Ya que entre todos vosotros, miembros de esta familia de almas, hay algo más que un vínculo, hay una serpentina de Luz que atraviesa la Noche de los Tiempos.

No creáis sin embargo que queremos incitaros a buscar entre vosotros vínculos del pasado, que queremos llevaros hacia una búsqueda de identidad de hace mucho tiempo. Una vez más, eso no sirve para nada y numerosos delirios nacen de posiciones de espíritu similares. Queremos simplemente haceros comprender que lo que os reúne en este lugar data de hace mucho tiempo, y que podríais, mañana mismo, esta noche, incluso ahora mismo, decidir abandonar esta sala… pero la huella que habéis recibido en esta familia permanecerá para siempre y os vinculará para siempre.

No se trata de una fatalidad, de un encarcelamiento en un hecho establecido del que podríais posiblemente escapar un día u otro. Se trata de la resultante de una elección de corazón que data de hace mucho tiempo. Podemos apartarnos a veces de un camino y tomar senderos que sean atajos, pero no nos apartamos jamás de una verdadera ruta. Y nosotros estamos felices de veros en esa ruta, sean cuales sean vuestros miedos, sean cuales sean vuestros rechazos, vuestras rebeliones, vuestras cóleras, vuestros miedos, vuestras reacciones, vuestras lágrimas, vuestros enfurruñamientos. ¡Sí, vuestros enfurruñamientos!

Sabemos, y lo vemos, más allá de todo eso, que el verdadero trabajo se cumple. Vuestras manos son el instrumento con el que os ayudáis. Pero la Presencia del Cristo en vuestro corazón es el soplo de ese instrumento. El trabajo de vuestra vida es sin duda el de ofrecer, el de dar la Luz de todas las formas posibles e imaginables. Pero, más allá de eso, el trabajo de vuestra vida es la recepción de la Fuerza Crística en vosotros. Es ella la que abolirá definitivamente todas las fronteras.

Por supuesto, algunos de entre vosotros decís: “Sí, sabemos todo eso. Estamos totalmente de acuerdo con todos esos principios enumerados. ¿Por qué repetírnoslo?” Porque vosotros “sabéis”, efectivamente, pero todavía no habéis conseguido integrar. El que integra, bien… comunica con la Esencia de la Vida. Y vuestro objetivo es esa comunión.

Dejad… sin delirios, sin manifestaciones egóticas, sin desarrollar una forma de elitismo que no significa nada, dejad de sentir que vuestra esencia es diferente de la de nuestro Hermano el Cristo, o simplemente de la nuestra. Nuestra Esencia es la misma. La diferencia entre vosotros y nosotros es el grado de olvido de esta Esencia.

Pero nuestra intención, esta tarde, no es continuar este monólogo sino el ofreceros libremente la palabra. Sentíos en vuestra casa. Sentíos en presencia de amigos, simplemente, que os guían desde hace mucho más tiempo del que creéis. Sentíos en familia y dirigíos a vuestros padres, a vuestros hermanos, a vuestras hermanas. Con toda sencillez. No analizándoos del exterior. Os ofrecemos la palabra…

Pregunta: ¿Qué más debemos hacer para recordarlo? Ya que, finalmente, ya sabemos todo eso…

Respuesta: ¡Orad! Orad realmente, con el fondo de vuestro corazón. Olvidáis el sentido profundo de la oración. La oración es una ofrenda del corazón a la Fuerza de la Luz. La oración no significa mendigar una ayuda. Es, ante todo, ofrecer lo mejor de nosotros mismos. Ofreced al Sol y recibiréis cien veces más. Se ha dicho que serán cien, mil y diez mil veces, pero en realidad, ¿qué importancia tiene?

Orad, no a una fuerza exterior a vosotros de la que debáis esperar algo, sino ofreced lo mejor de vosotros mismos a lo Mejor de vosotros mismos que está en vosotros y que es precisamente el Sol. Meditad esto… esto no es tan simple como parece, no es tampoco un juego de palabras. En cuanto aparezca una frontera en vosotros, borradla. No emprendáis una multitud de argumentos para mantenerla en pie. Borradla en seguida. “Alguien no me gusta por esto y aquello; no quiero sanar a alguien por esto… por esto otro…”; en cuanto esto surge –y surge, por supuesto–, borradlo todo. Borrad esas fronteras. Borrad esas resistencias. Borrad las reticencias. Borrad los rechazos. Es así como avanzaréis.

Os escuchamos.

Pregunta: ¿Cómo podemos sentir la presencia de los Hermanos de las Estrellas cuando no hemos desarrollado cierta intuición y cuando estamos solos en nuestro medio de trabajo?

Respuesta: Sencillamente, pedidnos que nos manifestemos. Llamadnos. No os decimos que nos vayamos a presentar de manera física ante vosotros, evidentemente eso sería mentiros y rompería la extrema confianza que debéis desarrollar, pero llamadnos, haced el silencio en vosotros y pedidlo. No existe una sola vez en la que no respondamos. La mayor parte de las veces respondemos a través de pequeñas cosas, de pequeños signos… y el aprendizaje de la confianza pasa por el hecho de aprender a decodificar esos signos, por percibirlos. Nunca hay no-respuestas, nunca.

Pregunta: ¿Hay que rezaros como Hermanos de Luz?

Respuesta: Pequeña hermana, de ningún modo tenéis que rezarnos. No somos diferentes a ti, a vosotros. Somos solo algo más mayores, tenemos solo algo más de altura, consideres o no que seamos Maestros. Un maestro, cualquiera que sea, nunca pedirá que le reces. Sería equivocarse de camino.

La única Fuerza a la que hay que rezar es a la Fuerza del Principio Crístico, del Sol Crístico que está en uno mismo, en cada uno de nosotros. Si identificas esta fuerza del Sol Crístico con nuestro Hermano el Maestro Jesús, eres libre de hacerlo, es algo muy hermoso… es un camino real. Sin embargo, en realidad, ningún Maestro tiene que ser rezado. Nunca será nada más que el intermediario.

Sencillamente pide la ayuda a Quien tú sientas… pero la oración es otra cosa. La oración es una comunión, ¿entiendes?

Pregunta: Me cuesta identificar la oración…

Respuesta: La oración es en esencia el canto espontáneo de un corazón. Simplemente es necesario que estés cómodo en tu ofrenda y en tu petición. Deja salir de ti las palabras, poco importa que pienses que las palabras son armoniosas o no. Poco importa que esas oraciones estén hechas de palabras o simplemente de alientos, de llamadas, de puras ofrendas, gratuitas, cristalinas. Ante todo, la oración es un estado de espíritu. Has de estar con ese estado de espíritu.

En cierto sentido, la oración más bella del mundo, es la que dice en esencia: “Dios mío, hágase tu Voluntad”. Diciendo esto, estando en ese estado de recepción, es uno mismo lo que ofrecemos al Divino, y ofreciéndose al Divino nos unimos con nosotros mismos, ¿comprendes?

Pregunta: ¿Cómo podemos explicar que nos sintamos a la vez conectados a Seres de amor y, al mismo tiempo, sentirnos parasitados o contrariados a nivel sutil?

Respuesta: ¿Cómo puede suceder? Porque molestáis. Ya sabéis que cuando se desarrolla cada vez más Luz, se es de la misma manera un imán para la Sombra. Es lógico y normal que esta Sombra se manifieste, ya que os obliga −de algún modo, está ahí para obligaros− a hacer elecciones cada vez más precisas, cada vez más voluntarias; os obliga a mostrar una confianza cada vez más sólida y a aprender a dejar atrás las dudas.

No veáis la Sombra como un obstáculo. Mientras la veáis como un obstáculo, se erigirá cada vez más fuerte ante vosotros. Vedla como una fuerza que os consolida. Y mientras no seáis suficientemente sólidos, mientras existan rincones de sombra en vosotros, rincones de duda, atraerá otras zonas de sombra y otras formas de duda.

Vais a decirnos que el camino es decididamente largo. En efecto, es… muy largo. Pero cuanto más avancéis, os daréis cuenta que serán menores los sufrimientos y las dudas que lo jalonan. Solo hay un obstáculo que superar y ese obstáculo… cultivadlo, acercaros a él evitando entrar en el juicio, en la condena, en el “sí, pero…”, tal como os decíamos hace unos instantes… “Quiero curar a una persona pero… pero no a otra, por esto, por aquello…” Ahí comienza todo. “Quiero ver a una persona pero no a otra”, ¿comprendéis?

Lo que evitamos nos aleja de nosotros mismos. No nos aleja del otro, sino de nosotros mismos. Lo que evitamos vuelve a visitarnos una y otra vez inevitablemente.

Agradece las fuerzas adversas que sientes, ellas son tu barómetro. Ante todo no las veas como presencias nefastas. No estás parasitado por ninguna fuerza. Simplemente eres visitado por aspectos de tu propia debilidad… lo que es absolutamente normal en este camino.

Pregunta: ¿Cómo compartir y difundir mejor la alegría?

Respuesta: Siendo Alegría. Por supuesto, la respuesta puede parecer simple. El problema se resuelve en la unidad que hay que cultivar con el Divino, es decir, en el hecho −y volvemos a lo que decíamos al principio− de recordar nuestro parentesco con la Fuerza Divina. Mientras no hayamos hecho realmente Uno con el Principio Divino, no estamos totalmente en la Alegría. Hay una parte de nosotros que duda, que se juzga, que observa, que condena y se condena. La Alegría no es siempre el hecho de estar constantemente en estado de explosión interior. La Alegría no es siempre el hecho de tener constantemente la sonrisa en los labios. ¿Quién la tiene siempre? Vuestro Hermano, el Maestro Jesús, no tuvo siempre la sonrisa en los labios. Ningún Maestro de Sabiduría Realizado ha tenido siempre la sonrisa en los labios.

En cambio, la Alegría es tener permanentemente ese sentimiento de Unidad con el Principio de la Luz que hace nacer una sonrisa interior inextinguible. No hay receta para ello. Diríamos que el “cómo” es simple. Es todo lo que encontráis sobre vuestro camino en la vida, todas las dificultades, todo lo que llamáis sufrimiento, lo que tiene por objetivo ayudar a acercaros tranquilamente, dulcemente, pero de manera extrema y segura, a la Alegría. La verdadera Alegría es un estado de serenidad que es infinitamente más alto que todas las nubes que atraviesan necesariamente una vida. La Alegría es un punto de anclaje. No es la ausencia de sufrimiento sino que es la ausencia de duda.

También podéis pedir esta Alegría. No hay nada que no podáis pedir, pero no lo hagáis a una fuerza que sea exterior a vosotros. Todos los que os estamos hablando, ahora, aunque parezcamos exteriores a vosotros como seres que tienen una personalidad a veces muy definida y que asimismo actúan de manera independiente a vosotros, nuestro principio está en vosotros. ¿Lo entendéis?

Cuando os llamamos hermanos y hermanas no son palabras estereotipadas, tomadas de alguna fraternidad o de alguna religión. Hacemos alusión a nuestra Esencia común y al hecho de que, fundamentalmente, no nos separa ninguna frontera… Ni siquiera la frontera que parece ser la de los mundos en este instante y que no nos hace visibles a vuestros ojos. Simplemente abriros.

Sin embargo, no creáis que no será necesario que difundáis estas informaciones −seréis algunos, 20 o 30 los que las habéis recibido−. Estas informaciones no pertenecen a nadie, aunque se transmitan a través de voces humanas identificadas e identificables, pueden ser difundidas. Actuad según estiméis, siempre que no sean desacralizadas. Solo se ofrece a alguien una información sagrada si ésta se recibe de manera sagrada. Creemos que podéis comprenderlo.

Repetimos que no hay que formar ningún elitismo.

Pregunta: En la actualidad, el mundo está sufriendo. ¿Va a vivir la humanidad en la alegría de estar unida, en la aceptación de las diferencias y despertarse al Amor Crístico? Hay muchos niños que padecen hambre, existen numerosos trastornos en el mundo, problemas ligados a los cambios de las necesidades energéticas. ¿Puede instalarse la paz en las personas que gobiernan los pueblos? ¿Podrán despertarse a una conciencia de servicio a los demás y no seguir en esa necesidad de ser más importantes? ¿Podrán tomar conciencia de que todos somos hermanos de humanidad? ¿Van a despertar los dirigentes y trabajar desde un punto de vista político a esa apertura de ayuda al mundo, a construir y a avanzar antes que destruir?

Respuesta: La respuesta es muy sencilla, pequeña hermana. Vuestros dirigentes son el reflejo exacto de lo que sois colectivamente. Y lo que sois colectivamente es el resultado de lo que sois individualmente. Cambiad. Cambiaros, cada uno, reformaros, transmutaros individualmente, transmutaros por pequeños grupos, y por vuestra transmutación el cristal que saldrá de vosotros será comunicativo… Será contagioso.

No son vuestros dirigentes los que van a resolver los problemas que mencionas sino cada uno de vosotros, allí donde estéis. Lo que desprenderéis generará otros gobiernos. No esperéis la mínima modificación fundamental, el mínimo cambio profundo en este planeta mientras que el individuo (o al menos, una suma importante de individuos) no haya operado él mismo una verdadera metamorfosis; y no que simplemente haya emitido algunos deseos superficiales con buena voluntad. La buena voluntad y las ideologías, por más hermosas que sean, no bastan. Es la transmutación del individuo la que generará la transmutación de los gobiernos ya que vuestros gobiernos son la transpiración de vuestros egos y vuestras fuerzas mentales.

Somos muy positivos y optimistas en relación con el futuro de vuestro mundo. Pero en absoluto somos ingenuos sobre la posibilidad de que una era de paz vaya a llegar de manera muy cercana. Tenéis que pasar necesariamente, en tanto que colectivo, por una gran fase de depuración.

Comprended que estas no son palabras alarmistas. Sencillamente no queremos introducir un estado de ánimo ilusorio sobre la restauración de un mundo de paz muy cercano en este planeta. Lo que no significa que no podáis vivir en paz. La noción de paz es ante todo algo que se cultiva individualmente. Lo sabéis, lo comprendéis. No se trata de decir: “Me fabrico mi propio pequeño mundo, de manera egoísta, y lo que ocurre en el mundo no me afecta… mientras tenga mi estabilidad interior”. No es eso. No se trata de crearse ese capullo con principios de conexión al Sol que os aíslen del mundo. Se trata simplemente de desarrollar una forma de estabilidad interior y de ecuanimidad que serán capaces de ser un bote insumergible en los tiempos difíciles. Y el número de esos botes insumergibles, que serán incapaces de dudar realmente del continente sobre el que atracarán, el número de esos botes será el que cambie las cosas.

Sed diferentes y se preguntarán cuál es vuestra diferencia.


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