Nos alcanza ya un  soplo global de trasformación

Entrevista a Daniel Meurois , autor del “El secreto de Asís”

 

SA“El secreto de Asís” no es una biografía pormenorizada de San Francisco, sino un intento de resaltar “el perfume del alma” que  habitó en él, tal como subraya el autor, Daniel Meurois . Entrevistamos en Madrid, tras la presentación de tan revelador libro, a este autor cuya obra, traducida a múltiples idiomas, tiene ya un alcance planetario.

Literatura de alto vuelo a la vez que enseñanza excelsa y actualizada se reúnen en todas sus entregas, por supuesto también en sus últimos títulos traducidos que está sacando a la luz la joven y prometedora editorial española “Isthar Luna-Sol”. En el “El secreto de Asís” nos da a conocer a un Francesco (Francisco de Asís) muy avanzado a su época en toda su clarividencia crística, pero a la vez con todo el dolor que ello implicaba de imposibilidad de comunicación con su tiempo y sus gentes.

El creador francés nos presenta un retrato diferente de uno de los santos más populares del cristianismo. Da a conocer en la obra el vínculo superior, solar, de Francesco y Chiara (Clara de Asís), un amor profundo que les unió “en torno a las huellas originales dejadas por el Cristo realmente encarnado en la Tierra”.

Daniel Meurois nos acerca a un Francesco moribundo que confía a Chiara una catarata de secretos que no  cabrán dentro de ella. “Mi cordel se había  desbocado… sus riendas se escaparon de mis manos y el estandarte flotaba solo…”. Ella era  su  único refugio en la tierra. Se confiesa a la vez que le invita a ella a conducir sus pasos más allá de los suyos propios.  El libro está escrito en la primera persona de una Chiara que se pregunta  constantemente por ese hombre “que sangraba como Cristo y rasgaba por  la mitad el velo del Templo de mi alma”.

“Había obedecido al siglo con el fin de no hacerlo explotar…” El “Poveretto” como también le llamaban, había callado por mucho tiempo, pero cuando ve que se marcha, le urge hablar, poner a buen recaudo sus secretos. A ella confiaría todos sus silencios. El secreto más grande, el amor hasta entonces ocultado. No sabremos si las confesiones  llegan  tarde. Sin embargo una Chiara, estremecida hasta lo más profundo de sus fibras, se aprestará a subrayar que el amor que no se dice es quizás el más hermoso, el más puro. Ella es consciente de que la Fuerza de lo Verdadero estaba en él “y nada dentro de ella podía resistírsele”.

Francisco de Asís está postrado  en su lecho de muerte, pero su imaginación está  más viva que nunca: “Cabalgaremos en el mismo corcel para denunciar las injusticias, para decir lo que Es, y recordar a todos que todo es Uno”. Chiara no cabrá dentro de sí: “El rostro de Francisco vino hacia mí y acarició la piel de mi rostro con una delicadeza semejante a la de un niño que va a dormirse.
– ¿Perdonarte, Francesco? ¿Debe perdonarse el amor?
– … El que no se ha sabido decir, quizás sí.
– ‘Mi bien Amado’… me oí susurrar en el fondo de mi garganta. ‘Mi bien Amado…'”

“Las vendimias tardías hacen que a menudo el vino esté más azucarado…” Se excusa él antes de preguntarle si quiere ser “su Miriam”, la esposa de Jesús, y ella responderá entre lágrimas que lo es desde hace tiempo, “que no hay obispo, ni papa que estén por encima de esto”.

Pero vendrán más confesiones. Le confía el  error de “persuadirse  de que el Altísimo Señor necesita de los sufrimientos de las criaturas que somos con el fin de abrirle la puerta a la luz”. Su rotundidad no deja lugar a dudas: “¿Quién nos salvará sino nosotros mismos mediante la pureza de nuestro corazón?”  Sólo será preciso amar: “Amar la vida bajo todas sus formas y por todos los medios que la embellecen, amar su Unidad en todas las cosas y en todos los seres”. La depositaria de tanto secreto queda desbordada, pues tal es para aquellas mentalidades el impacto de la revelación.

A Francesco se le acaban los segundos en la tierra, pero tiene tanto que compartir con su compañera del alma… El apóstol de la pobreza recularía sobre sus pasos para volcar también a Chiara: “nuestra herida en este mundo no está ni en la riqueza, ni en la pobreza, sino en la dependencia de uno de esos dos estados, en el hecho de imaginar que el uno o el otro nos pueden ofrecer felicidad y libertad”. Le confiesa que ha ido muy lejos al extremar la pobreza, pero también se da cuenta de que es demasiado tarde para una reforma de la regla franciscana. Su admiración por la Creación le llevará al borde de la fusión, pero aún con todo ello, le faltará según sus propias palabras “una gota de gozo puro”.

Apenas tiene voz, pero no para de hablarle a su “sorella” querida, colmada de gozo. Le comparte también que los cantos de los “infieles” le habían terminado por seducir. En su viaje a Tierra Santa, Oriente abrió los ojos del alma a Francesco. Le confiará a Chiarina que hay diferentes formas de “respirar la verdad”, diferentes “rostros de Dios”, diferentes “brillos de un mismo sol”… Éste será  otro de los secretos: “Cada uno de los nombres de Dios es un perfume único, puesto que cada una de las letras que lo componen tiene una fragancia especial y única… Un reflejo del alma del pueblo que los designa y pronuncia”.

Afirma el autor que la revelación  a la que tuvo acceso Francisco de Asís a lo largo de su caminar por la vida, pudo cambiar el rostro del cristianismo si se hubiese divulgado: “Nos hubiese ayudado a salir de un dramático dualismo, enlazándonos con las fuentes puras del Mensaje Crístico, lejos de las censuras y manipulaciones”.


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